Blogia
Alexandra Izquierdo

Conferencia Magistral a Cargo de Alexandra Izquierdo

Conferencia Magistral a Cargo de Alexandra Izquierdo

 Conferencia Magistral a cargo de:

Alexandra Izquierdo

Vicesíndica del Ayuntamiento del Distrito Nacional

Presidenta del Movimiento Consenso Electoral Reformista

 

Cada vez que hablo ante audiencias políticas en tiempos electorales, siempre tengo que recordarme del Presidente Balaguer y de su proverbial sabiduría como líder político.

Lo digo, por el consejo que me dio cuando yo decidí dedicarme a la política y a trabajar para ganar posiciones electivas que me permitieran servirle al país a tiempo completo.

Balaguer me dijo que lo primero que tenía que hacer era irme al seno del pueblo a escuchar sus aspiraciones y a tomarle el pulso a sus esperanzas.

Que no hiciera como hacen tantos otros políticos, que se fríen en su propia salsa.

No he dejado nunca de ir al seno del pueblo. Para que no me cuenten.

Para que en mis posiciones prevalezca la defensa del pueblo.

Para que las que salgan de mi boca sean las palabras que traducen las necesidades y las aspiraciones del pueblo.

A nadie le he dicho que todos los días me doy un baño de multitudes.

Pero los que conocen mi trabajo político saben que todos los días hago contacto con la gente, con mucha gente.

En el seno del pueblo es donde voy a buscar energía.

En el seno del pueblo es donde voy a nutrirme de la realidad.

Y jamás he caído en el error de los políticos arrogantes, esos que creen que es el pueblo el que tiene que ir a consultar con ellos.

Hoy vengo a confesarme con ustedes, que son balagueristas como yo.

Hoy vengo a apoyar el trabajo político que ustedes hacen a favor de la candidatura del Presidente Leonel Fernández para que gane las elecciones del 16 de mayo en la primera vuelta.

He venido a confirmarles que eso es lo que quiere el pueblo.

Eso es lo que ya ha decidido el pueblo.

Ese deseo nacional es el que está saliendo expresado cada vez con números más poderosos y más grandes en las encuestas independientes que se publican todos los meses.

Son esos los números que están haciendo cada vez más irrespetuosa, más desagradable y más descompuesta la propaganda política de los opositores al Presidente Fernández.

Los números de esas encuestas son los que están sembrando el pánico en sus filas.

Son esos los números que ahora están impulsando las maniobras con las que algunos dirigentes, que están en plena bancarrota política, tratan de desprestigiar el proceso comicial, en un intento de amedrentar a la Junta Central Electoral.

Son pataleos maliciosos y vanos, que no lograrán su siniestro objetivo de obstaculizar que la voluntad del pueblo se exprese libre y soberanamente en las urnas.

Maliciosas y vanas maquinaciones de dirigentes incapaces, que pasan por el gran susto de ver que están siendo abandonados.

Que ven que se les acorta el tiempo de una vigencia amparada en los subterfugios y sostenida por ambiciones que no tienen nada que ver con el bienestar del pueblo.

Ahora que ven que el pueblo no confía en ellos, con el cálculo puesto en la fecha electoral, quieren poner en marcha la última artimaña de los malos jugadores, que cuando se ven perdidos, tumban las mesas y arrebatan.

Sus planes son enfrentarnos unos a otros.

Presentar las elecciones como si fueran una guerra de dominicanos contra dominicanos.

Las elecciones no son una guerra.

Las elecciones son el mejor escenario para que los ciudadanos ejerzan con civismo la responsabilidad que tienen de defender a la nación de las acechanzas del desgobierno y ponerla a salvo de la desorbitada codicia de los que creen que la política es un negocio especulativo.

El triunfo de Leonel Fernández, como lo revelan esas cifras, será un triunfo del pueblo.

Será un triunfo que se manifestará con la construcción de una mayoría democrática como no se ha conocido antes en el país.

Yo entiendo perfectamente las razones del pueblo.

Lo que el pueblo está diciéndole a los partidos y a los políticos dominicanos es que ha comprendido que solo una mayoría estable es la que puede garantizar que se cumplan a plenitud los planes sociales que necesitan para mejorar sus condiciones de vida.

Una mayoría comprometida con una visión de gobierno y de país es la única que puede sacarnos de ese fatídico proceso pendular que ha regido nuestra historia – moviéndola entre etapas de atraso y de desarrollo, entre períodos de reformas y períodos de contra-reformas.

El pueblo ha escogido al Presidente Leonel Fernández para que encabece la marcha hacia ese nuevo hito.

Lo ha escogido por razones que son poderosas y que pesan mucho en la decisión a su favor que ya tiene tomada.

El Presidente Leonel Fernández, tras la desaparición de los grandes líderes que dominaron el escenario político durante la mayor parte de los últimos cuarenta años, se ha convertido en el nuevo paradigma.

Aunque les duela reconocerlo a sus episódicos adversarios de hoy, como líder, como estadista, el Presidente Leonel Fernández es el nuevo referente de la política dominicana.

Es un puesto que se ha ganado con las realizaciones de los dos períodos de gobierno con los que lo ha favorecido el voto popular mayoritario.

Se lo ha ganado con la capacidad que ha demostrado en la administración de la cosa pública.

Se lo ha ganado con la visión modernizadora que está convirtiendo a la República Dominicana en una nación competitiva y en un destino preferido para las inversiones extranjeras.

Se lo ha ganado con las virtudes que lo distinguen como intelectual, como promotor del consenso.

Se lo ha ganado como promotor del diálogo para la conciliación de las diferencias de intereses que se dan en el seno de nuestra sociedad. Y hasta para resolver conflictos internacionales, como lo acaba de demostrar en la Cumbre presidencial del Grupo de Río, alabada en el mundo entero.

El pueblo ya ha decidido darle cuatro años más al Presidente Fernández, porque reconoce que los logros de su gobierno han sido impresionantes. Mucho más impresionantes, si se recuerda el punto de partida desde el que arrancó.

Cuando el Presidente Fernández fue elegido en las elecciones de mayo del año 2004, el pueblo estaba en un estado de desesperación, con todas sus expectativas destrozadas y oscilando entre los demonios del caos y de la incertidumbre.

El peso cada día valía menos. Ustedes lo recuerdan: el peso, nuestra moneda, cada día estaba más devaluado.

La confianza en las instituciones financieras – tan esencial para las operaciones económicas de una nación – estaba por el suelo.

La inflación, que es el peor de los impuestos que se le pueda imponer a un país, andaba por las nubes.

El Congreso Nacional, el contrapeso ideal en los regímenes democráticos, terminó envilecido con la aprobación de una reforma constitucional redactada a la medida de las apetitos de los que manejaban el Poder Ejecutivo.

La pobreza, como si fuera una infección, estaba afectando cada vez a un mayor número de los más desfavorecidos entre nuestro pueblo.

Y en el poder había arrogancia.

En el poder había incompetencia, mucha incompetencia, como lo demuestra el hecho de que nuestra economía estaba en recesión y nuestras reservas internacionales estaban en niveles ridículos.

Nunca antes en nuestra historia reciente nos habíamos endeudado tanto, y nunca antes en nuestra historia reciente un gobierno despilfarró y administró en forma tan ineficiente los recursos del Estado.

Nunca antes en nuestra historia reciente habíamos llegado tan bajo.

Nunca antes en nuestra historia reciente habíamos tocado fondo.

Menos de cuatro años después de esa pesadilla política que el pueblo conserva en su memoria – para tenerla bien presente en sus decisiones electorales --, el Presidente Leonel Fernández no sólo ha recuperado la estabilidad macroeconómica, sino que vuelto a poner en marcha el crecimiento.

Menos de cuatro años después, la gobernabilidad ha sido restablecida y consolidada, y hay mayores niveles de equidad social, logrados con programas de apoyo focalizado a los segmentos de la población que más necesitan la mano del Estado.

El pueblo no esperaba milagros, pero el Presidente Leonel Fernández le ha dado suficientes pruebas de que pueden confiar en los programas de su gobierno y en su capacidad para ponerlos en marcha como Dios manda.

El pueblo no esperaba milagros, pero el Presidente Leonel Fernández ha despertado de nuevo su orgullo y le ha hecho ver que con cuatro años más de continuidad, aquí el progreso no lo parará nada ni nadie.

Los líderes democráticos, los líderes que se ganan el derecho a representar a su pueblo, son los que tienen una visión que merece ser seguida.

El Presidente Leonel Fernández es uno de esos líderes, como lo ha reconocido una abrumadora mayoría de los votantes dominicanos en las dos ocasiones en que ha presentado su candidatura para dirigir los destinos nacionales.

Los que hacemos política apegados al legado de Balaguer conocemos muy bien a un dirigente político de esa clase cuando lo vemos.

Nuestro conocimiento no es teórico, sino práctico, porque estuvimos cerca de él en las ocasiones en las que el pueblo le confió su destino. Y no fuimos defraudados.

Es el mismo tipo de experiencia que hemos estado viviendo con el Presidente Fernández, un líder notable que reconoce que el pueblo dominicano necesita una esperanza, y ha despertado su perspectiva para aspirar a lo mejor.

El pueblo no olvida que el Presidente Leonel Fernández ha sido quien sacó al país del hoyo de la crisis monetaria y financiera.

El pueblo no olvida que el Presidente Leonel Fernández ha enderezado la política económica, una política que antes de que él llegara al poder tenía más vueltas que un tirabuzón.

Por eso nosotros les estamos pidiendo a todos aquellos que siguen nuestras orientaciones políticas que voten para darle cuatro años más al Presidente Fernández.

Lo hacemos, porque sabemos que el propósito fundamental de su gobierno es el bienestar de los dominicanos.

Lo hacemos, porque cuando el Presidente Fernández gobierna el país crece y prospera.

Nosotros tenemos los ojos bien abiertos. Los balagueristas vemos la prudencia administrativa de Balaguer en las políticas estabilizadoras del Presidente Leonel Fernández.

En su largo ejercicio gubernamental, Balaguer – él solo como maestro – fue toda una escuela política.

Para nosotros, para todos nosotros, Balaguer sabía todo lo que había que saber en la política dominicana.

Para nosotros, para todos nosotros, él fue el camino real por el que caminamos en la política.

Por eso, nosotros, todos nosotros, que lo seguíamos a él, atendimos su llamado cuando nos dijo que siguiéramos a Leonel Fernández.

Para nosotros, para todos nosotros, como lo es para todos los dominicanos, escoger, en estas elecciones, es claro:

  • Es, o la confianza o la incertidumbre.
  • Es, o el crecimiento económico sostenido o la inflación galopante y la devaluación empobrecedora.
  • Es, o p’alante, o p’atrás.

¿Qué dominicano en su sano juicio quiere volver a la pesadilla económica, financiera, social y política del pasado?

¡Díganme!

¿Quién deja camino real por vereda?

No ombe!

Con el Presidente Leonel Fernández, ¡e`palante que vamos!

 

¡LO BUENO NO SE CAMBIA!

0 comentarios