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Alexandra Izquierdo

La situación de la mujer en los gobiernos locales

Expositora: Alexandra Izquierdo  Ponencia Completa:Si medimos la fortaleza de nuestra democracia por sus niveles de representatividad o por el grado de participación que permite a los ciudadanos, tenemos que convenir en que no sólo cojea, sino que es anémica. Y por un crónico retraso en su reacción ante esas debilidades, está haciendo que crezca la percepción de que es un sistema de organización política inválido o inaplicable en nuestra sociedad.De ahí a la desilusión o al descreimiento en los procedimientos democráticos hay un solo paso. El déficit más apreciable en nuestra democracia está vinculado a la cultura política prevaleciente, que sistemáticamente ha ignorado a la mitad de la población que representan las mujeres.Hablemos, por ejemplo, de representación: Las mujeres dominicanas son la mitad de la población, pero como resultado de las elecciones congresionales y municipales del año pasado, hay sólo 17 síndicas. Los síndicos, en cambio, son 134. Ocho veces más síndicos que síndicas. El 72 por ciento de los regidores son hombres. Y, típicamente,  sólo el 28 por ciento son regidoras. En nuestro Senado hay 30 senadores y sólo 2 senadoras. Quince veces más senadores que senadoras. Hay 143 diputados, y sólo 33 diputadas. Cuatro veces más diputados que diputadas.Las decisiones que se tomen en esas estructuras de los poderes públicos deben representar y responder a las necesidades de los hombres y de las mujeres. Para ello, hombres y mujeres deben tomar parte en ellas, en forma más equitativa, en el aporte de puntos de vistas. Si faltan las mujeres, si las mujeres están tan minoritariamente representadas, si sus puntos de vistas no son tomados en cuenta, a las decisiones que allí se aprueban les falta esa parte del cuadro de la vida social dominicana.En el Ayuntamiento del Distrito Nacional, en el que yo soy Vicesíndica, todavía somos deficitarios en la paridad: hay 33 mujeres en puestos directivos, frente a 63 hombres. Una proporción de dos a uno.Necesitamos acelerar el paso para dictar las leyes y establecer los mecanismos de aplicación que sean más efectivos para constitucionalizar en los hechos la igualdad de derechos de hombres y mujeres.A esa igualdad y a la promoción y protección de los derechos de las mujeres nos obligan Tratados, Acuerdos y Declaraciones internacionales, que por falta de cumplimiento estamos convirtiendo en letra muerta.Este año, precisamente, España ha puesto en vigencia una legislación trascendental. Se trata de la Ley Orgánica para la Igualdad Efectiva de Mujeres y Hombres, ya conocida como la Ley de Paridad. Es un instrumento que consagra la igualdad de la mujer en el ámbito laboral, el acceso al empleo y la formación técnica y profesional. Ataca la violencia de género, la discriminación salarial, el mayor desempleo femenino, la escasa presencia de las mujeres en puestos de responsabilidad política, social, cultural y económica.La firme voluntad política que se ha puesto en la elaboración y en la aplicación de esa ley es alentadora, y yo hoy, aquí, me comprometo a elaborar un anteproyecto de Ley de Paridad que haga finalmente justicia a las mujeres dominicanas. Convocaré a todas las mujeres políticas para que participen conmigo en su redacción, y lo promoveré y lo alentaré hasta que entre, con todo el apoyo necesario para su aprobación, por las puertas del Congreso Nacional.La inequidad en la representación de hombres y mujeres en las estructuras de decisión de nuestros gobiernos municipales puede explicar la percepción de muchas comunidades de que las ejecutorias de estos no responden a sus necesidades.Los ayuntamientos son las estructuras del poder político más cercanas a los ciudadanos, más a la mano, más al alcance de los ciudadanos, y deberíamos poner un interés especial en hacer de ellos modelos de la paridad, buscando vías legales para aumentar la participación de las mujeres.Por lo menos las mujeres que hacemos vida política, y con mayor razón las que ocupamos posiciones electivas en los municipios, tenemos la responsabilidad de evitar una mayor erosión en las relaciones de los ayuntamientos con la parte femenina de la población.La cuestión clave es que los gobiernos locales representan demasiado para las comunidades, porque sus responsabilidades están todas vinculadas a la vida cotidiana de las familias, y las decisiones que se toman en los consejos de regidores la afectan para bien o para mal.Los gobiernos municipales regulan la urbanización y la zonificación de las ciudades y pueblos. Aprueban o rechazan los proyectos de construcción de viviendas y edificios. Construyen vías públicas y aceras. Numeran las viviendas. Manejan el ornato. Son responsables del aseo urbano. Reglamentan las condiciones de los sitios destinados a exhibiciones públicas. Organizan y sostienen los cuerpos de Bomberos. Establecen el alumbrado público. Construyen canchas deportivas y manejan los parques destinados a la recreación pública. En la región latinoamericana ya están surgiendo modelos a seguir: un nuevo tipo de gobierno local que es abierto, sensible y responsable hacia las problemáticas específicas de las mujeres, sus derechos, sus necesidades y sus demandas. Ahí está el caso del Ayuntamiento de Montevideo, que creó una Comisión de la Mujer y la vinculó con los espacios de división geográfica local, como los Centros Comunales Zonales, las Juntas Locales y los Consejos de Vecinos.Si tomamos en cuenta que en América Latina y el Caribe existen, en conjunto, unos 16,000 municipios, podemos hacernos una idea del efecto que tendría una política efectiva de equidad de género en los gobiernos locales.En los gobiernos municipales dominicanos la realidad podría comenzar a cambiar como consecuencia de la recién promulgada Ley de Municipios.Esa ley obliga a los ayuntamientos a garantizar la igualdad de acceso a las oportunidades para la mujer en todas sus iniciativas. Contempla, entre sus competencias compartidas, la prevención de la violencia intrafamiliar y de género y el desarrollo de políticas focalizadas a mujeres jefas de hogar y madres solteras. Y establece que deben dedicar el 4 por ciento de sus ingresos a programas educativos, de género y de salud.Una mayor participación de las mujeres en los ayuntamientos aseguraría que estos tengan el mismo perfil de las comunidades a las que sirven. Además de que las mujeres representan la mitad del talento disponible en una comunidad, la experiencia ha demostrado que se inclinan más al consenso que a la confrontación, tan frecuente en nuestros consejos de regidores. El gobierno municipal no sólo sería más rico en ideas y en iniciativas, sino que el hecho de asegurar que las perspectivas de las mujeres se tomen en cuenta en sus decisiones, promovería la democracia.Las perspectivas de las mujeres son regularmente diferentes, porque sus experiencias y su socialización son diferentes a las de los hombres. Tan diferentes, como las experiencias de ricos y pobres, de gente urbana y rural, o la perspectiva desde la posición de obrero y de ejecutivo de empresas.Yo provengo de un partido creado y dirigido durante cerca de 40 años por un líder fuerte, de esos dirigentes tradicionales acostumbrados a tenerlo todo bajo control. Su apoyo me hacía sentir protegida, pero pronto me di cuenta que, por más que idealizara las cosas alrededor de su figura, él no duraría para siempre. Si quería adelantar en mi carrera política, tenía que pensar en el futuro y construir en el partido una base de sustentación que dependiera sólo de mi trabajo político, de mis merecimientos. Como veo la política como servicio, no dudé cuando se me ofreció la oportunidad de ser candidata a vicesíndica para el Ayuntamiento de esta capital, decidida a aportar todo mi liderazgo y mi experiencia municipalista a esta ciudad.Soy esposa y madre, y eso me ha ayudado mucho a relacionarme con quienes, igual que yo, ven el mundo desde esas perspectivas y desde esas experiencias.Creo que las ciudades y el país se benefician de un toque femenino, del aporte de las ideas y de las preocupaciones de las mujeres. Creo que hay que integrar la participación femenina en las labores de los municipios, creando los canales que les permitan su inclusión: En las campañas de limpieza, en la parte que les corresponde a la municipalidad en la seguridad ciudadana, en el área de la zonificación de la ciudad, en el planeamiento urbano, en la creación de espacios de recreación, en el hermoseamiento de las áreas verdes en cada barrio y en el gran programa de parques infantiles y de espacios deportivos para los jóvenes.Creo en la necesidad de que las mujeres se den cuenta del rol que pueden cumplir para mejorar las cosas en sus comunidades y en sus vecindarios, y que sirvan para enrolar a otras, despertando las fuentes de responsabilidad ciudadana.Mi experiencia es que las mujeres somos trabajadoras muy dedicadas y que nuestra participación en los gobiernos municipales puede tener un poderoso impacto en la atención y en el enfrentamiento de los problemas que figuran en nuestra lista de prioridades: las necesidades de la familia, la seguridad ciudadana, la existencia de centros escolares y de salud cercanos y el acceso a confiables facilidades de transporte. No podemos perder de vista que de la misma manera que los problemas económicos y los problemas sociales, al generalizarse, se convierten en problemas políticos, el agravamiento y la generalización de los problemas municipales los convierte en problemas nacionales. Las mujeres dominicanas, como las mujeres de muchas otras naciones del mundo, han sido tradicionalmente una especie de ciudadanos de segunda. Los derechos políticos, económicos y sociales que se les reconocen en todas las Constituciones políticas a los ciudadanos de cada país, nunca han sido reconocidos en los hechos a las mujeres.Por eso uno de los grandes reclamos femeninos es el de la ciudadanía, de una ciudadanía real, una ciudadanía entera, que aparezca manifestada en los hechos, no sólo en la Ley Fundamental y en las leyes adjetivas. Una ciudadanía que no sea teórica, que no sea virtual.Yo acabo de participar en la Décima Conferencia Regional de la Mujer de América Latina y el Caribe, celebrada en Quito, Ecuador, y antes de mis reflexiones finales quisiera compartir con ustedes unas inspiradoras palabras de la Presidenta Michelle Bachelet, de Chile. Ella dijo lo siguiente: “Cuando una mujer llega sola a la política, cambia la mujer. Cuando muchas mujeres llegan a la política, cambia la política”.Ahora quiero hacerme algunas preguntas.¿Cómo han llegado unas cuantas mujeres dominicanas distinguidas a ocupar las posiciones relevantes que hoy ocupan en el mundo académico, en el sector financiero, en el empresariado?Por su capacidad, por una profesionalidad y un desempeño que sobrepasó a la profesionalidad y al desempeño de otros muchos con quienes compitieron.¿Cómo han llegado unas cuantas mujeres a encabezar instituciones caritativas, de servicio público, como la Asociación de Rehabilitación y la Fundación de Lucha contra el Cáncer?Por una dedicación, por un sacrificio sin límites y una entrega a los demás que asombra.¿Cómo han llegado a posiciones relevantes en la Judicatura algunas prestantes profesionales del Derecho?Por lo mismo: por sus altos niveles de profesionalidad, por un ejercicio responsable de sus deberes y por ceñirse a un código ético que ha sido una barrera entre la ley y los que la pisotean amparados en la convicción de que podrán comprar su impunidad.Las mujeres están cada vez mas presentes y activas en la política. Su presencia es notable en los partidos políticos, donde ahora exigen el cumplimiento de cuotas que les franqueen el camino a posiciones electivas.Ya han sido dirigentes importantes en sus partidos – yo misma fui electa Primera Vicepresidenta de mi partido, en competencia abierta con otros compañeros meritorios.Ya una mujer ha sido Vicepresidenta de la República y otras han sido y son senadoras y diputadas, gobernadoras, síndicas, vicesíndicas, regidoras, secretarias de Estado, directoras generales.Ya tenemos generalas, y coronelas y oficiales de diversa graduación en la Policía y en las Fuerzas Armadas.Es lógico que observando lo que está ocurriendo en otras partes del mundo – en Argentina, en Chile, en España, en Filipinas, en Alemania, las mujeres dedicadas a la actividad política estemos acariciando la idea de que ya es tiempo de que lleguemos a las posiciones cimeras: que una senadora sea presidenta del Senado, que una Magistrada sea presidenta de la Suprema Corte de Justicia.Yo digo que para que se nos aprecie como dignas de llegar a las más altas posiciones de dirección y liderazgo del Estado, tenemos que diferenciarnos con líneas bien gruesas a los ojos del pueblo.En la administración gubernamental hemos tenido mujeres, pero en general no han mostrado en términos inequívocos de actuación que serían una diferencia mucho más bienvenida que los hombres políticos que han ocupado las mismas posiciones.Mi convicción es que el camino ya lo han trazado las mujeres modelos que han triunfado – con profesionalidad, con talento y con virtudes propias – en las actividades privadas.El camino es el de las mujeres dedicadas a obras encomiables de beneficencia y de servicios a los dominicanos más necesitados. El camino es el de las profesionales que han hecho un nombre y han levantado una carrera exitosa en el mundo académico y en el ejercicio privado de las profesiones liberales.La política, nuestra política, ha estado creando un cansancio, porque los actores cada vez parecen más iguales.Los hombres políticos idearon y crearon la República, defendieron la nacionalidad en incontables acciones en los campos de batalla, y nadie les puede regatear que con las altas y las bajas naturales en todo emprendimiento humano, han hecho de este país una nación libre y soberana, y la han hecho prosperar.Pero, como demuestra nuestra historia republicana, en el camino las ambiciones se han desbordado, los mesianismos de hombres que se han considerado predestinados nos han pateado las libertades y han alimentado envilecimientos.En el camino, el ejercicio político se ha desprestigiado por las prácticas corruptas o por la tolerancia de la impunidad, por el permisivismo, o por el ventajismo.Las mujeres que militamos en los partidos y que construimos carreras políticas no podemos proponernos llegar a la cima de los poderes públicos con el mismo desparpajo del que predica “quítate tú para ponerme yo”.El cambio que las mujeres políticas debemos representar no puede ser más de lo mismo pero con falda, o más de lo mismo pero con pintalabios y aretes.A las mujeres políticas sólo se nos estimará como merecedoras de las posiciones de mayor poder de decisión y liderazgo si primero nos convertimos en una fuerza moral. Una fuerza atronadora, como la de los ríos que corren desbordados.Debemos convertirnos en esa fuerza moral en las posiciones pequeñas o grandes que ahora ocupamos. En las Secretarías de Estado, en las Cámaras Legislativas, en la Judicatura, en los Ayuntamientos. Debemos brillar como cientos de puntos luminosos en la vida publica dominicana.Debemos demostrar que podemos convertirnos en la diferencia que está haciendo falta. No cambiemos nosotras yendo a la política una por una. Vayamos todas, y cambiemos la cultura política.Muchas gracias.

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